En Yom Haatzmaut festejamos un milagro, el regreso del pueblo judío a nuestra patria ancestral. Un regreso que, tras 2000 años, no resultó nada fácil y que continúa costándonos muy caro.
Yom Haatzmaut marca un antes y un después no solo en la historia del pueblo judío sino en la historia universal. Nunca antes un pueblo tras dos mil años de ser expulsado de su tierra regresó para autogobernarse. Y que además haya sobrevivido 76 años a tres guerras totales – con la intención de expulsar a todos los judíos al mar -, tras varios conflictos, intifadas y continuados ataques con misiles, con una amenaza actual y real de 150 mil misiles por Hezbolá, y que sigamos existiendo como un país libre, judío y democrático es la definición perfecta de lo que es un milagro. No es de extrañar que el rab Kook definiese a Hertzel en su funeral como navi, profeta.
Aquel viernes 5 de Iyar (14 de mayo de 1948), víspera de Shabat, el primer primer Ministro de Israel y también primer ministro de Defensa David Ben Gurión, pronunciaba las palabras de la Declaración de Independencia que marcaron oficialmente el final del forzado exilio judío;
“el derecho natural del pueblo judío de ser dueño de su propio destino, con todas las otras naciones, en un Estado soberano propio“.
Horas después declarada la independencia, tropas de cinco naciones árabes seguidas por voluntarios libios, saudíes y yemeníes nos atacaron por el norte, el sur y el este con la única intención de expulsarnos hacia el oeste: hacia el mar. El relevo europeo sustituyó a las cámaras de gas europeas por el agua del mediterráneo. Echemos a los judíos al mar era la consigna que se gritaba en todo el mundo árabe.
Un nuevo holocausto se cernía sobre nuestro pueblo y, de nuevo, una Europa mirando hacia otro lado protegiendo sus intereses los cuales no eran, en esos momentos, los de salvar judíos. Pero sobrevivimos
En la declaración de independencia leemos:
«Eretz Israel ha sido la cuna del pueblo judío. Aquí se ha forjado su personalidad espiritual, religiosa y nacional.
Aquí ha vivido como pueblo libre y soberano; aquíha creado una cultura con valores nacionales y universales».
Seguimos forjando nuestra personalidad espiritualidad, religiosa y nacional. Seguimos viviendo como pueblo libre y soberano manteniendo nuestra cultura de valores nacionales y universales. Aquí renació una lengua muerta y se mantuvo viva convirtiendo el resultado en obras de Premio Nobel. Del desierto han florecido bosques y en las zonas arenosas fueron levantadas ciudades.
Desde que Theodore Hertzl nos permitió soñar con un Estado para todos los judíos y nos aseguró que sería posible sólo si queríamos, la Esperanza de ser un Pueblo libre en nuestra tierra, como cita la Hatikvá, ha llegado hasta el punto de situar a Israel en un lugar privilegiado en la historia. Somos uno de los ocho países con tecnología suficiente para enviar a un hombre al espacio así como de lanzar nuestros propios satélites. Cada oficina, cada hospital y cada hogar de cualquier parte del mundo poseen alguna patente israelí: programas informáticos, telefonía móvil con cámara y mensajería a tiempo real, aparatos de oncología o incluso diversos medicamentos, algunos vitales para el ser humano. Nuestro país cuenta con más Premios Nobel que muchas naciones europeas – el doble que España -, y que todo el mundo árabe junto.
Hertzl lo sabía y no dudó en luchar por este sueño hasta el mismo día de su muerte. Poco antes de este trágico suceso escribió:
«La Tierra Prometida, donde estará permitido tener la nariz y las piernas torcidas y gastar barbas negras o rojas, sin ser por ello despreciable. Donde, finalmente, podremos vivir como los hombres libres en nuestra propia tierra y morir, tranquilamente, en nuestra propia patria. Donde se nos tributarán honores en premio a grandes obras. De suerte que la palabra injuriosa de ´judío´ llegará a ser un título de honor… De suerte que nuestro Estado nos permitirá educar a nuestro pueblo para las tareas que todavía se hallan más allá de nuestro horizonte. Dios no habría conservado a nuestro pueblo durante tanto tiempo, si no tuviéramos que cumplir todavía una misión en la historia de la humanidad».
Me siento muy orgulloso de ser israelí. De ser ciudadano de un país que vela por la seguridad de nuestro pueblo. Un pueblo que tras ser castigado por siglos es libre desde hace 76 años y protegido por un Estado Judío y Democrático.
Una protección que viene del cielo en forma de soldados cuya misión es detener cualquier aspiración de echarnos al mar. De luchar hasta el último aliento para que nunca más volvamos a ser llevados a las cámaras de gas.
Am Israel Jai, uletiferet Medinat Israel.
David Yabo
